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La leishmaniosis canina

La leishmaniosis canina es una de las enfermedades más importantes que afectan a nuestros perros debido a que:

- Es una zoonosis: ocasionalmente puede transmitirse a personas de inmunidad deficiente.
- Existe un elevado número de casos, muchos de ellos con gran diferenciación en su sintomatología originada por la multiplicidad de los mecanismos patogénicos y la individualidad de las respuestas inmunitarias.

En los últimos años el manejo clínico de esta enfermedad ha experimentado un progreso muy positivo.
Durante la década de los años 70 y principios de los 80 existía un gran número de fracasos terapéuticos frente a la leishmaniosis canina atribuibles a distintos factores: el diagnóstico laboratorial era incompleto, los casos clínicos "atípicos" no se diagnosticaban, la eutanasia era la primera opción, los tratamientos eran incorrectos o tardíos, y los controles insuficientes.
A partir de la década de los 90 la situación ha mejorado notablemente: el diagnóstico precoz garantiza una mejor respuesta de los perros tratados, los protocolos de tratamiento son más eficaces, se utilizan tratamientos adyuvantes cuando el caso clínico lo requiere, se hace un seguimiento más estricto (controles periódicos) lo cual favorece el control de las posibles recidivas o reinfestaciones y, sobre todo, permite evaluar las posibles enfermedades asociadas que son frecuentes en muchos de los perros enfermos.

TRANSMISIÓN. La transmisión de la leishmaniosis tiene lugar durante la picadura del mosquito, de la especie Phlebotomus, al perro.
La enfermedad es transmitida únicamente por los flebotomos, ya que hoy por hoy no se ha probado que otros artrópodos sean capaces de actuar como vectores activos.
La transmisión es estacional y está vinculada a las fluctuaciones de la densidad y edad de las poblaciones de flebotomos así como a la dinámica demográfica de los hospedadores vertebrados.
Ciertas alteraciones del medio, como la acumulación de basura y escombros en los alrededores de las viviendas o la roturación inadecuada de los terrenos colindantes, propician el desarrollo del ciclo vital de los flebotomos y la aparición de nuevos focos de la enfermedad.

PATOGENIA. Una vez que las formas infestantes de leishmania son inoculadas por el vector (mosquito Phlebotomus) en la dermis del perro, tiene lugar en la zona un acúmulo de macrófagos (células de defensa) que son atraídos por el efecto que produce el parásito.
Si la respuesta inmunitaria es ineficaz, el parásito se disemina principalmente a los órganos hematopoyéticos (bazo y médula ósea), donde continúa su replicación para después extenderse al resto de los órganos (piel, riñones, hígado, tubo digestivo, ojos, articulaciones, etc...)
Las lesiones producidas en los animales enfermos se deben a varios mecanismos patogénicos:
- Reacciones inflamatorias de carácter granulomatoso: responsables de la sintomatología cutánea, las alteraciones digestivas, las lesiones articulares y oculares.
- Liberación de sustancias por las células de defensa responsables de los trastornos generales de la enfermedad (fiebre, adelgazamiento, astenia, atrofia muscular, etc.
- Producción de inmunocomplejos y de infiltrados de células de defensa y plasmáticas que se depositan en el glomérulo renal, los vasos sanguíneos y articulaciones y van a ser los responsables de la glomerulonefritis, casos atípicos de vasculitis y algunas de las lesiones oculares más graves.
- Otros mecanismos patogénicos menos estudiados:
La anemia no regenerativa presente en algunos animales enfermos puede deberse a la formación de autoanticuerpos responsables de la destrucción de los eritrocitos.
La epistaxis (sangrado nasal) en algunos casos no se debe exclusivamente a una marcada trombocitopenia sino que parece estar relacionada con la formación de microlesiones vasculares y ulceraciones en la mucosa nasal. Suele aparecer en un 10% de los animales enfermos.
Puede producirse necrosis y atrofia muscular.
Por último, se han descrito cuadros de meningitis asociados a la presencia de anticuerpos anti-leishmania en el líquido cefalorraquídeo.

  • leishmaniosis canina
  • leishmaniosis canina

CUADRO CLÍNICO. Muy variable normalmente y difícil encontrar perros con síntomas idénticos.
El largo período de incubación, de varios meses e incluso más de un año, suele retrasar la manifestación de la enfermedad más allá del primer año de vida.
Importante tener en cuenta las posibilidad de que exista la enfermedad aunque aparezca uno sólo de los síntomas que a continuación se señalan.

1.- Lesiones cutáneas:
a) Formas localizadas: lesión cutánea primaria, producida por el vector en el punto de inoculación. Consiste en una lesión asimétrica, aprurítica (no produce picor), que aparece a los 20 días de la infección. La localización suele ser en zonas desprovistas de pelo: trufa, pabellón auricular, labios, zona abdominal, etc.
La duración media de la lesión es de 6 meses, período durante el cual la mayor parte de los animales son seronegativos.
b) Formas generalizadas: coinciden con la diseminación orgánica del parásito.
Pueden presentarse distintas formas clínicas:
- Forma queratoseborreica: aparición de lesiones alopécicas y descamativas difusas, generalmente simétricas y apruríticas. Inicialmente se localizan en la cabeza y en las extremidades, extendiéndose progresivamente al resto del cuerpo.
- Forma ulcerativa: caracterizada por la aparición de úlceras crónicas, especialmente en los puntos de presión, borde de las orejas, uniones mucocutáneas, espacios interdigitales y almohadillas plantares. - Forma nodular: aparición de nódulos únicos o múltiples, ulcerados o no, apruríticos e indoloros. Generalmente, de escaso tamaño, y localizados con mayor frecuencia en zonas de la piel exentas de pelo. Es frecuente que los perros que presentan esta forma clínica sean, por lo demás, prácticamente asintomáticos.
- Forma pápulo-pustulosa: menos frecuente. Erupción generalizada, no pruriginosa, cuyas lesiones asemejan una foliculitis bacteriana, con pústulas estériles.
- Otras formas cutáneas son:
Las hiperqueratosis nasales y/o plantares.
La onicogriposis (crecimiento exagerado de las uñas).
Ulceraciones en las uniones mucocutáneas (labios, pene, vulva).

2.- Transtornos Generales:
a) Síntomas inespecíficos:
- Adelgazamiento, astenia e inapetencia: originando en casos extremos la caquexia del animal (de peor pronóstico).
- Atrofia muscular: sobre todo facial (músculos temporal y maseteros).
- Anemia no regenerativa, presente hasta en un 40% de los enfermos crónicos.
- Linfadenomegalia localizada o generalizada, que es el signo más frecuentemente observado en los perros afectados, junto con la pérdida de peso.

b) Síntomas específicos: coinciden con la diseminación orgánica del parásito. Pueden presentarse distintas formas clínicas:
- Alteraciones renales: progresivamente se instaura una insuficiencia renal, con un aumento de urea y creatinina en sangre, proteinuria grave y anemia. Este cuadro clínico, de mal pronóstico, suele se la causa más frecuente de muerte en los perros con leishmaniosis.
- Alteraciones hepáticas: la presencia de parásitos en el hígado da lugar a una hepatitis de carácter granulomatoso, con un aumento de enzimas hepáticas y una sintomatología típica consistente en vómitos, adelgazamiento, poliuria-polidipsia (beben y orinan mucho), ascitis, etc.
- Alteraciones digestivas: menos frecuentes. Diarreas de intestino grueso que pueden verse acompañadas de melena (sangre digerida en heces), y que corresponden a una colitis ulcerativa granulomatosa provocada por el acúmulo de parásitos en la mucosa intestinal.
- Lesiones oculares: las más frecuentes son lesiones inflamatorias del segmento anterior (blefaritis, conjuntivitis, uveitis y queratitis o sus asociaciones). En el segmento posterior pueden presentarse con menos frecuencia hemorragias retinianas, coriorretinitis o desprendimiento de retina. En raras ocasiones, se puede desencadenar glaucoma, de mal pronóstico.
- Poliartritis: se consideran erosivas en los estados crónicos de la enfermedad, y se deben a la respuesta inmunitaria del animal afectado.
- Hemorragias: epistaxis, hematuria, melena, etc.

TERAPÉUTICA. Durante los últimos años, el diagnóstico y el control de la leishmaniosis han experimentado importantes avances. Los protocolos de tratamiento y el seguimiento clínico se han modificado considerablemente.
De cualquier forma, y gracias a una mejor calidad de la asistencia veterinaria, las expectativas de control y de "curación" (clínica, que no parasitológica) de los animales enfermos son mucho mayores que en el pasado.
En resumen, el éxito del tratamiento estriba en:
- Realizar un diagnóstico exhaustivo para definir los casos positivos.
- Contar con un propietario responsable.
- Hacer un seguimiento estricto y continuado de cada caso.
- Llevar a la práctica las medidas profilácticas adecuadas (antes, durante y después del tratamiento).

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